¿Por qué escribes?

En el colegio era inevitable que mis amigos resulten mirándome raro y atreviéndose a preguntar con cara de asustados, indignados, pero a la vez muy interesados, por qué escribo. Cuando preguntaban eso i sostenían mis apuntes secretos de algún “poemita” [AKA: Huevadita] tratando de encontrar una explicación factible para que ese estropajo andante que se les había parado delante haya escrito una cosa tan sangrienta i capaz de moverte el cerebro de manera violenta hasta llegar a la náusea, la preocupación obsesiva, el desdén, el desgano, el éxtasis, el llanto por cualquier cosa, francamente no sabía qué responder. Pero siempre estuvo claro dentro de mí, en mis más oscuros pensamientos, en la más profunda de las depresiones i en lo más doloroso de una herida. Yo escribo porque así me curo, yo escribo porque si no lo hago voy muriendo y nada más. Escribo para poder sacar la basura de mi cabeza, escribo porque no tengo un psiquiatra ni pastillas que me aguanten. Escribo porque es más fácil que hacer amigos. Escribo porque así yo me escucho. Escribo porque así grito. Escribo para poder tener voz. Escribo porque no quiero ser un asesino, o tal vez porque en realidad sí quiero serlo…

Yo, debo admitirlo soy fanático de las crónicas de Beto Ortiz. Por eso acá les dejo la primera parte de su última novela: “Por favor, no me beses”.

Por favor, no me beses.
Por: Beto Ortiz.

Para todos los que, desde hace ya bastantes años, se citan conmigo, domingo a domingo, en esta humilde página y para los que quizás la estén leyendo por primera vez. Para los que siempre compran libros, para los que los leen prestaditos y también para los que no los leerían jamás.

Para todos pero, sobre todo, para los que, a pesar de lo muchísimo que me aborrecen, me leen puntualmente va este regalo: un adelanto de mi último libro con todo ese odio tan tierno, con todo ese contradictorio amor que ustedes se merecen.

Los jóvenes siempre me preguntan, intrigados: ¿por qué escribes?
Escribo porque se me sube el indio, porque se me sale el monstruo, porque se me mete el diablo.

Escribo como un anciano que va por la calle hablando solo. Escribo como un loco calato que te amenaza con su mugre y con su piedra. Escribo como un niño que juega con su pipilín.

Escribo porque sé que conmigo, ni a misa. Escribo porque todo lo que han escuchado sobre mí ha de ser verdad. Escribo porque les doy nervios y ustedes ni siquiera se toman la molestia de intentarlo disimular. Escribo, por supuesto, para vengarme. Para vengarme de todos y cada uno de ustedes.

Escribo porque escribir es bueno para la salud, porque, a veces, escribir me desencadena un llanto tan violento como la náusea que hace estallar un dedo en la garganta. Escribo para poder rugir, en consecuencia, para poder ladrar, para poder aullar como un pobre perro callejero al que han pateado brutalmente.

Escribo porque no tengo perro que me ladre.
Escribo porque sé que no he de tener hijos. Escribo porque existe algo que siempre extrañaré. Escribo para nunca dejar de llorar a mis muertos. Los muertos que me acompañan a todas partes, los que velan mi sueño, mis fieles, mis queridos muertos.

Escribo por la misma hermosa razón por la que lavo platos doce horas en un restaurante, seis días a la semana.
Escribo porque necesito la plata para comprar las pastillas de mi mamá.
Escribo para que, si no me pueden respetar, me teman. Escribo porque, en el fondo, yo también me siento indigno, sucio, vil y feo. Escribo para distraer mi mente de los crímenes pendientes. O lo que es lo mismo: escribo para no tener nunca que matar a nadie, ni siquiera a mí.

Escribo porque no sé qué más hacer conmigo. Escribo en nombre de los traicionados, los tristes, los humillados, los parias, los linchados, los heridos. Escribo por los que ya no pueden defenderse. Escribo porque es posible que yo tampoco pueda más.

Pero también escribo porque escribiendo soy el más guapo del barrio.
Porque cuando escribo es como si tocara el piano y millones me escucharan, absortos, enamorados, enardecidos, extasiados. Porque cuando escribo y solamente cuando escribo, me desconozco, me transfiguro, me convierto en algo poderoso y bendito y luminoso y santificado y lleno de gracia.

Porque escribir es la única manera que conozco de rezar.
Escribo porque a veces, raras veces, oigo una voz que me dicta palabras excelsas que a nadie más sobre la tierra se le ocurriría combinar y, entonces, como sé que no soy yo, que no puedo ser yo, es de Dios del único de quien sospecho.

Escribo porque espero que mañana, Él amanezca de buen humor y haga de mí su instrumento y se anime a volver a escribir por mi mano.
Escribo porque estoy demasiado oscuro o demasiado libre o demasiado solo que es la aciaga mezcla de los dos. Escribo por la misma razón por la que leo o voy al cine o veo la tele: porque cualquier historia suficientemente eficaz hará el milagro de suspenderme, un rato, la existencia.
Escribo para sentir que tengo alguna cita con alguien, algún plan para el próximo sábado.

Escribo porque quiero saber de qué color son mis circuitos, mis engranajes y mis tripas, porque necesito saber qué demonios tengo dentro: qué parásitos, qué aliens y qué antiguos espíritus me habitan.
Escribo porque no tengo esposa, ni confidente, ni psicólogo, ni cura, porque necesito urgentemente conversarme y contarme mis problemas a mí mismo y escucharme y tratar de comprenderme y perdonarme.
Y perdonarme. Y perdonarme.

Escribo para que algún desconocido muchacho que, de repente, está en Ferreñafe o en Satipo o en Cerro de Pasco me lea, por azar, un domingo en el periódico y, con un poco de suerte, le guste lo que escribo y así otro día me quiera volver a leer y si, de repente, un domingo, mi columna no se publica porque ese día me tocó estar en algún remoto lugar sin Internet o porque me dio flojera escribirla o porque he muerto simplemente, ese muchacho que está en Ferreñafe o en Satipo o en Cerro de Pasco me busque y no me encuentre y entonces me extrañe.
Y yo jamás me entere.

Escribo para que esta vieja computadora no me sirva solo para masturbarme en las madrugadas. Escribo porque desde niño me he aburrido y me aburro y me aburriré siempre, mortalmente. Escribo porque esta película es muy lenta, porque este tono es muy monse, porque me pesa demasiado la mochila.

Escribo porque tengo mucha bronca, mucha hambre, mucha pena, mucha prisa.
Escribo en la ilusión de que –ya que te he decepcionado en todo lo demás– por lo menos estés orgullosa de lo que escribo. Escribo porque siento que me abandonan las ganas y los recuerdos. Escribo porque se terminan los sueños y los amigos.

Escribo porque escribir me da menos vergüenza que adorarte, menos vergüenza que mandar preciosas cartas al infinito y más allá, menos vergüenza que sentarme a esperar que quizás alguien, algún día.
Escribo para celebrarme y para destruirte. Para destruirme y para celebrarte.

Escribo para que todos sepan que ya no te quiero pero cuánto te quise, que mi voz buscaba el viento para tocar tu oído. O que ahora, en realidad, te quiero más y que el solo hecho de saberlo te arrebate un poquito de felicidad. O te la duplique. Escribo para resistir la tentación maldita de marcar tu número de memoria. Escribo para ver si, por lo menos así, me das un poquito de bola.

Escribo para recordarte que todavía estoy aquí. Que, contra todo pronóstico, resistí. Que, por si acaso, no me he muerto. Todavía no me he muerto, puta madre.

Pero escribo, sobre todo, con el loco afán de llamar tu atención.
Para que me mires. Para que me mires, pero no me toques. Para eso escribo, para que no tengas ni siquiera la ocasión de sonreírme de lejitos, con dulzura. Para que no me hables, para que no me abraces, para que, por lo que más quieras, no me beses.
Por favor, no me beses.

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7 comentarios en “¿Por qué escribes?

  1. Ola! Es adecuado saludar antes de decir algo inapropiado, ..o quizás no.

    Vaya, creo que alguien por aquí tiene un ego demasiado grande como para dejar en paz la pluma eh? Escribo escribo escribo…yo yo yo…tú no te miraste al espejo de las aguas amigo, ¡te zambulliste! Pero bueno, es cierto que ese tal ego es un animalillo que da mucha guerra. Está bien saciarle de vez en cuando, y más si es con algo de estilo.

    Como no quieres alabanzas sobre futuros baldíos, seguiré sacando punta, si me dejas.

    ¿Un tanto largo no? Se hace pesado no por la cantidad, sino por la repetición. Es un recurso lingüistico muy dramático, otorga una carga sentimental enorme, pero su abuso precisamente lo que hace es restar dramatismo al texto. O cansar.

    Lo digo porque yo caigo a a menudo en repeticiones, y me aburro a mí mismo. Y eso es francamente difícil cuando se trata de un abusador de ego (creo que cojeamos de la misma manera cómica y absurda).

    Un saludo, y no te ofendas. Crítica constructiva, siempre.

  2. Ok… organizaré mis ideas antes de explotar… así me evito problemas yo, te evitas disgustos tú y todos relativamente felices.

    así que diré: El hombre es esclavo de sus palabras y amo de su silencio.
    Interpretalo a tu gusto, señor escritor 😉

    Nota: No eres el único que escribe.
    Saludos.

  3. Oh vaya! organizar? quién dijo organizar? es un tanto difícil organizar ideas, pero si ese es tu afán, suerte.

    Nota: no estoy disgustado :). Lo estaría si fuera el único que escribe (qué triste sería que sólo un patán como yo se dedicase a transcribir pensamientos y pesares). Pero como veo que no, que aún hay esperanza porque muchos se dedican a eso de escribir, y puedo aprender y sobre todo leer y divertirme (como con esta entrada), señor escribiente, soy relativamente feliz.

    Gracias por no callar! y un saludo

  4. Para vivanietzche:
    Bróder, te vo a responder de manera que entiendas. Acá nadie está a la defensiva, parece, todos atacan. Bueno, ya fue, yo no soy el autor de toda la entrada, el post es mío hasta que pego la crónica de Beto Ortiz. Sabes leer, ¿no? Confieso que el Copy and paste lo hice por holgazán.

    1. Bueno, mi opinión sobre el texto no varía. Es cierto que creí que era tuyo, fallo mío por no prestar atención. Y lo de estar a la defensiva o atacar..¿no eres tú el que ha puesto que no quieres alabanzas sino opiniones con fundamento?
      Bueno, un saludo.
      Te seguiré leyendo

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