Bloqueado

Hoy en la mañana me di cuenta de que sufro un segundo bloqueo de escrior. No es en realidad el segundo, pero los otros tienen razones para estar ignorados.

Hoy en la mañana sentí lo mismo que hace exactamente un año cuando tenía todavía clases en la academia. Aquel edificio de seis pisos i si ascensor. Aquel letrero mal colgado frente a una fábrica de fideos. Aquel guachimán inútil en la puerta. Aquel rebaño sin pastor que caminaba distraído como perdido en una gran metrópoli. Todo eso era la academia a la que yo iba en los dias calurosos de un enero accidental y casi extratemporal.

Esta mañana de hoy fue una de las tardes de hace un año, sin puesta de sol y sin ciertas compañías distractoras. Ya me veo entrando al aula 615 y sentándome en esa carpeta estratégicamente escogida, sacando un fólder roto que contenía mis ‘hojas de trabajo’, poniendolas todas en la mesa e inundandome, ahogandome, perdiendo el sentido de lo que me rodeaba hasta que sentía que mi cerebro era una pasa chiquita e insignificante.

Con este calor he recordado la academia, las hojas, las mañanas, pero no he podido escribir nada, nada, nada. Me he convertido en una cebolla sin limón.

¿Dónde están los aires fríos, la enfermedad del escritor?

Hace un año tuve un bloqueo que terminó en abril con mi primer, principiante, cuento. No puedo esperar tanto, pero no me puedo seguir forzando. Esto se torna en un laberinto sin centro, en puro caos.

No puedo escribir i no me basta con recordar…

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