Pensar demasiado

«Tú problema es pensar mucho, me dijo Andrea. Pensar. Pensar mucho. Un problema, dijo ella.» La noche está ya muy dentro del día, se oscurece el cielo cada vez más y más, a lo lejos un perro ladra. La ciudad se adormece, pero Carlos sigue caminando, sigue pensando, sigue. «La gente piensa muy poco, ¿por eso es un problema? Ella no me va a engañar, ella piensa, yo he visto su rostro y su mirada perdida en alguna esquina o en una nube, ella piensa y lo hace mucho». Su mamá lo sigue de cerca, tiene frío y abraza su chompa. Nadie habla. Suben al carro. «Hemos subido al carro, está lleno, pero es de los pocos que pasan a esta hora, la gente huele mal, sobre todo este pelado, codazo por aquí codazo por allá, esta gente no tiene ningún respeto por los demás, me aprietan la pierna, ¿qué piensa el chofer?, tiene la lengua afuera, se saborea, huele lo mismo que yo, huele a sangre. Todos deben estar pensando. Sin importar que estén parados o sentados, todos piensan. ¿Por qué es un problema? Au, mi pierna, todos la chancan y los pasajeros siguen subiendo. Andrea estaba linda, olía a cielo y sonreía. ¿Qué pensarán los del micro? ¿Alguno pensará? ¿Alguno pensará en que me duele la pierna? Ya bajan, bajen, bajen, seguro que ya se puso morada, ya se adormeció, bajen pues, carijo. Ah, por fin me puedo sentar, pero mi mamá quedó parada y ahí siguen apretados, hay mucha gente y el chofer sigue recogiendo más y más, lamiéndose y chorreando baba por la quijada, saciando algún apetito por más personas y más humanos, como si estuviera unido al carro o por costumbre o por simbiosis, convertido en un extraño mega caníbal motorizado. Ya se baja más gente y mamá puede sentarse al fin, justo al lado del chofer se sienta, sin mirarme, pensando en quién sabe qué, porque ahorita tiene la mirada fija en el camino, justo como el chofer, pero sin salivar. El micro va embalado, y yo pienso en muerte, en que cualquier momento nos chocamos y nos morimos todos juntos ahorita, apretados y malolientes, ahorita nos morimos, pienso. La muerte está posada en nuestros hombros y es su peso el que sentimos. Tú lo sientes, yo lo siento, todos en el micro lo sienten. El pelado, la viejecita, mi mamá, el joven, el anciano, el chofer, la señorita, el cobrador, el estudiante con mirada perdida, la chica en escote, la enamorada del pelado, el hijo de alguien, todos lo sentimos, pero lo evitamos, perdiendo la mirada e intentando pensar en otra cosa porque la muerte da miedo. ¿Qué pensará el Pelado? Eso es fácil: Ahorita me bajo del carro contigo mamacita y te hago mía, vas a ver, te saco esa blusita que me tiene loco y te arranco el sostén, a ver si te resistes, apuesto que gritas mi nombre y pides más, contra la pared, contra la pared, así rico, con tu escote sabrosón, qué rica estás, ahorita me bajo del carro y te arranco todo, te dejo calatita, esas piernotas, me las voy a comer toditititas, vas a ver cómo te hago mía, cómo te hago gemir, mamacita. Así piensa el Pelado mirando y tocando a su acompañante por debajo de la falda y por debajo de la blusa, creyendo que nadie se da cuenta. Pelado pendejo, y encima huele feo su cabeza, huele a caca, debe de ser esas personas que tienen caca en la cabeza, como dice mi abuela. ¿Y qué piensa el cobrador?, ¿sabrá que estoy queriendo saber qué piensa? Mira fijo, abre y cierra la puerta, cobra pasaje y sigue parado con la mirada fija al parabrisas, como buscando algo allá a lo lejos. Qué cansado, desde las cinco de la mañana hemos salido, encima hemos hecho pocas vueltas, no me alcanza para el colegio de mi hijita, encima mi mujer que pide y pide plata, qué cargosa esa mierda. Así debe estar pensando, se nota en su cara, suda y luce triste y preocupado. La muerte debe estar tras él. La muerte está tras todos y el chofer lo disfruta con la lengua afuera. Se excita el chofer en cada curva, con cada pisada en el acelerador. Y el Pelado sigue con sus cosas. ¿Y su acompañante qué pensará? Imbécil, crees que te quiero, pero lo hago por el dinero, vas a ver cuando le diga a tu esposa que la engañas conmigo, conchatumare, yo no soy trampa de nadie, hoy te pepeo y a ver quién ríe al último, maricón, no hay nada divertido contigo, malo en la cama, poca plata y encima casado, qué chucha, vas a ver quién ríe al último, a ver a ver a ver. Eso piensa la chiquilla, muy chiquilla, el Pelado le debe llevar diez años de diferencia tal vez más, pero cómo apesta. Al frente de mí se sienta un muchacho, parece de mi edad, y también está pensando. Se mucho a mí, me mira también con cierta curiosidad y ambos inclinamos la cabeza como un perrito entretenido. Es fácil saber en qué piensa, él está pensando en morir, no en la muerte que nos acosa y nos persigue, él quiere morir, me mira fijo y me pregunta, sólo con la mirada, si quiero ir con él. Es llamativa su mirada y no me la quita de encima, mejor lo dejo de mirar antes de que me ahogue. Y ahora miro al viejo, ese viejo que también me mira y se parece mucho a mí, me mira como un perrito tierno y no inclina la cabeza. Sus ojos son grandes, redondos y negros, muy dulces, ese viejo es la muerte, me mira con ternura. Esta noche la muerte me mirado a los ojos y lo ha hecho con ternura. Casi que me sonríe, pero no lo hace. Qué muchacho tan intrigante y a la vez tan ordinario. Igualito piensa el viejo y me lo dice con la mirada. Mucha gente sube, mucha gente baja, pero ya miraron al viejo y ya se encontraron con la muerte. Bello e imponente el señor este que nos mira a todos y no mira a nadie. La muerte es el viejo y me ha mirado con ternura. Pero con ternura no piensa mi mamá, que ya está pensando en morirse y dejar a mi hermana en Cajamarca, solita está pensando en morirse, de estrellarse contra el parabrisas en una de las maniobras del chofer asesino. Este chofer trabaja para el viejo. Trabaja para la muerte. Todos están pensando influenciados por ella, y nadie cree que se vaya a morir. Cojudos. ¿Qué piensa la señora de allá atrás que mira sus zapatos? ¿Dejé la plancha enchufada o la desenchufé?, eso ya no importa, seguro que mi nieto lo hace, pero ¿si se quema?, no, él ya es grandecito para hacer las cosas, además, yo tengo que llegar a la reunión temprano, si no mis amigas pensarán que soy una malagradecida, qué cosas, yo no soy así, pero ¿si se quema?, puede ser, es muy chico, y mis amigas son regias, pero no deben saber que estoy en la quiebra, ni que me he separado, cómo rajarían, cómo rajaría Alma, cómo rajarían todas, ellas bien arrugadas, echándose botox, pero la plancha, y mis amigas deben saber que tengo casa propia, y mucha cosa. La vieja tiene problemas, y al lado está su esposo con cara de aburrido y de arrepentido. Haciéndose miraditas con la pareja del Pelado. Espectacular, piensa el esposo de la vieja cuando se le levanta un poco la falda a la chica y ella sonríe pícara sin cubrirse. Bien por los jóvenes, ellos disfrutan, pero cómo va a estar con ese tipo, le debe llevar diez años, bien que podría ir y levantármela, para rasgarle la blusa y cenármela toda, qué rico sería, cómo me miras, fierita, un gatita eres, y encima me abres las piernas, ¿quieres que vuele?, por ti hago todo, porque esta vieja es insoportable, es inaguantable, no la amo, por qué me tuve que casar con ella, te deseo, chiquilla. Todo lo que piensa el esposo, triste. Qué cosas le habrá hecho para que piense así. Está demacrado y pachucho, alicaído. Todos piensan, todos lo hacen. Y la muerte está presente en cada uno. Y ese viejo es la muerte. Y el chofer es su aliado. Poco a poco nos vamos acercando al final, a uno sin un nuevo comienzo. El muchacho puede pensar mientras mira por la ventana. En su familia y en que está peleado tal vez con mamá y en que no se atreve a decirle cosas a papá y a otras personas. El muchacho puede, pero no lo hace. ¿En qué piensas, muchacho?, es muy tarde… acabamos de chocar.»

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2 comentarios en “Pensar demasiado

  1. Coincidencias de la red, yo también escribí algo sobre un viaje en autobús (micro) pero más corto.
    ¿Qué debe pasar por la mente de alguien que siente la mirada de la muerte tan cerca y tan tierna? Quizás que nada importa demasiado y que hay que aprovechar el tiempo como el pelado (no se muy bien el equivalente pero supongo que alguien a quien le toman el pelo, estúpido) o dejarse de peleas.
    De todas maneras me ha parecido una buena reflexión con mucho para discutir. Bastante bacán 😆
    Salut

  2. Curiosidad: Viajas en microbús y haces microrrelatos y tu sobrenombre es micromios. Jó.

    La mirada de ese chico no se movía, pero era de alguien que pensaba en la muerte.

    Si buscas un equivalente con el Pelado.. su equivalente sería como cuando a Don Ramón le gritaban: “¡Pelado!”. O que no tiene pelos en la lengua. O la tuya que ya de por sí es suficiente.

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