Demasiado joven para estudiar

Llevo poco más de un mes en España (llegué el 4 de marzo) sin poder acostumbrarme a la sensación de haber dejado atrás a mi familia y a casi toda la gente que me quiere allá en Perú.

La intención principal, con respecto a mi llegada aquí a la madre patria (¿por qué se le dice así?), es empezar a estudiar en la universidad. Sí, esa es mi intención. Yo ya tengo 16 años, terminé la secundaria, ingresé a la San Marcos y, bueno, se presentó la oportunidad del viaje y estoy aquí.

Empezaron entonces los trámites del empadronamiento y el papeleo necesario para obtener el NIE (Número de Identificación del Extranjero). Y también empezamos el trámite de homologación del bachillerato. Con la que mi último año escolar (el quinto de secundaria) es equivalente a los años de bachillerato español sin necesidad de volver a estudiar.

Los requisitos exigidos para este tipo de trámites son:

 1) Pagar una tasa.

 2) Llenar un formulario.

 3) Presentar pasaporte válido

 4) Presentar Certificado de Estudios con validez en el extranjero (es decir: con los sellos del Ministerio de Educación, Ministerio de Relaciones Exteriores y la Embajada Española en el Perú)

Cabe decir que cada sello es un gasto de dinero y, de lo que es más importante, tiempo.

Papá y yo presentamos esos requisitos. Pagó la tasa, rellenamos un formulario y enseñamos el certificado y el pasaporte vigente. Sin embargo, semana y media después, llegó una carta a mi casa en la que me pedían presentar (otra vez) mi pasaporte y mis certificados de estudios.

Papá pidió un día libre y me acompañó de nuevo. Fuimos con la intención de aclarar que ya teníamos todo en regla, pero para ellos (los trabajadores de la delegación de educación) aparentemente no es así.

Lo del  pasaporte fue arreglado mostrándole (a la señorita que nos atendió) la resolución en la que estaba mi número de identificación con validez hasta el 2011. Pero, aclaro, mi pasaporte sí estaba vigente.

Para lo del certificado ya no teníamos nada claro. La señorita, en cambio, parecía tenerlo… no, tampoco lo tenía claro. ¿Tenía todos los sellos? Sí, incluso uno de más que decía “Anulado”. ¿Estaban todos mis datos bien escritos? Sí, incluso me sorprendía que no hayan puesto Quiñones con z o algo por el estilo. ¿Mis notas estaban todas ahí? Que sí.

Entonces, ¿qué iba mal con mi certificado?

 *

-Señor Quiñones, aquí hay algo anormal. –dice la chica detrás del escritorio

-¿Cómo que anormal? ¿Qué pasa?

-Sí, hay algo que no está bien.

-¿Qué es?

-Aquí dice que usted ha terminado secundaria a los quince años y…

La miro con tensión como buscando algo más. ¿Qué tiene que ver que yo haya terminado a los quince?

-¿Y qué? ¿Qué tiene eso?

-Que aquí se termina a los dieciocho y…

-Sí, pero tiene todos los sellos.

-Claro, pero también dice que ha terminado a los quince y…

-Señorita, en mi país se termina a los quince años. Bueno, lo usual es terminar a los dieciséis, pero yo no he hecho nada del otro mundo para adelantarme un año. En el colegio me aceptaron con esa edad porque ya sabía ciertas cosas.

-Ya.

-En mi país el sistema educativo te permite estudiar once años. Seis de primaria y cinco de secundaria. Si se empieza a los cinco, se termina a los quince.

-Ya.

-Todo está bien.

-Pero hay algo anormal. Queremos saber por qué ha terminado a los quince y…

-Señorita, le estoy diciendo que terminé a los quince porque empecé a los cinco. Yo no fabriqué el sistema.

-Sí, pero necesitamos algo que nos explique por qué ha terminado a los quince… Espere, voy a consultar a mi superior para no equivocarme y regreso y…

-Ya, okei.

Espero con papá en la sala grande. Él me mira y me dice que están cojudos, que cómo van a joder con eso de que terminé a los quince, que, o sea, no jodan. Yo lo comprendo. También estoy indignado.

La señorita regresa, esta vez acompañada.

-Ya, señor Quiñones, a ver. ¿Qué pasa? –dice la que acaba de llegar.

-Ellos han presentado esto –contesta la de antes, como si ella fuera el señor Quiñones.

-Ya, pero, usted ha terminado a los quince y necesitamos algo que certifique o nos diga por qué ha terminado él a los quince.

-Pero ya se los he dicho. Veamos, el sistema educativo…

-Sí, lo sabemos, señor Quiñones –me interrumpe la señora que ha llegado y tiene lentes y un gran escote –pero ese no es el problema y…

-¿Insinúa que esto podría ser falso? Señorita, esto no está hecho en Azángaro ni nada. Es válido, legítimo…

-¿Cómo dice? ¿Azángaro? ¿Qué es eso?

-Ehm… No, nada –vuelvo a lo mío-. Miren, yo sólo quiero estudiar.

-Lo sabemos y…

-¿Podría dejar de estirar la y del final y no decir nada?

La que está detrás del escritorio me mira sorprendida, la otra se limita a mirarme por encima de las gafas.

-Ya, pero…

-Y de decir peros también.

Me miran ahora las dos con los ojos abiertos como diciendo que qué insolente es este muchachito. La que antes llegó a verificar qué queríamos se retira sin decir nada.

-Está bien. Lo que debes hacer ahora es presentar toda tu certificación. Es decir: la de primaria también…

-¿Qué?

-…con los sellos respectivos.

-Oiga, ese es un gasto de tiempo y de mucho dinero. Aparte me tienen que mandar.

No sube la mirada. Mueve sus papeles. Mi papá susurra miles de lisuras.

-Eso es lo que tiene que hacer. ¿Hay algo más que pueda hacer por usted?

“Darme plata y darme la cualidad de regresar en el tiempo”

-No, gracias.

Mi papá y yo nos paramos bruscamente. Nos volteamos, vamos a salir.

-Señor Quiñones.

Yo volteo, mi papá sigue avanzando, como distraído.

-¿Qué?

-Aquí, entre nos, mi título también es de Azángaro.

 *

Salí pensando que a veces hay personas que no entienden la necesidad de uno. Salí preguntándome cómo era posible que cuestionaran que haya terminado secundaria a los quince. Preguntándome qué demostrarían con eso, que sólo tenía notas de primaria. Preguntándome también si acaso no era posible que si ellos eran una entidad del gobierno español no podían contactarse con autoridades o miembros de entidades peruanas para comprobar la autenticidad de mis certificados, que hasta foto mía y notas del curso de religión tiene. Preguntándome cuánto más demoraría este trámite burocrático. Sorprendiéndome de que haya gente que no entienda la indirecta de la tortuga de Mafalda y pensando sobre todo cuán bonito sería poder ser el universitario más joven de Zaragoza.

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2 comentarios en “Demasiado joven para estudiar

  1. Con la burocracia española topaste.
    Déjame explicarte algo. Cuando estuve en Perú (Mi marido dio unas clases en la universidad de Trujillo), vi que no había bachillerato como aquí se entiende. Sólo secundaria. No sé si se ha cambiado el sistema pero de ser así lo que tendrían que pedirte es que hicieras el bachillerato que se adecuara a la carrera que piensas cursar. Hay creo que cinco: Humanistico, Científico, Tecnologico, Artístico y Social.
    No sé si convalidarán el título que traes a base de sellos, pero antes que nada deberías tener claro si tus estudios lo permiten entrando el la pagina http://www.educacion.es/portada.html porque es cierto que la secundaria acaba a los 16, pero para ir a la universidad hay que cursar 3 años de bachillerato.
    Igual ya sabes todo esto y te estoy explicando redundancias pero por si acaso.
    Salut

    1. Gracias por la explicación. Pero lo único que me pareció raro y un poco incómodo fue que siendo una entidad del Estado no hayan podido verificar por sus propios medios si lo que les traigo es falso o verdadero y hayan pensado también que podría estar queriendo tomarles el pelo.
      Otra vez. Gracias. Saludos.

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