“El corazón que trate de destripar se atasco en mi estómago y desde hace unos meses presenta ciertas molestias, ha hallado la forma de despertar emociones y sentimientos. Fui al Doctor para que me recetara según mi parecer algún tipo de purgante que ayude a mi pobre sistema endocrino. Un examen tras otro tuve que hacer y estos llevaron a una triste conclusión en mi caso. No tenía nada.”

 

Mejillas Bonitas

Ese miércoles sentí su piel. A la vez que sentía las pulsaciones eléctricas que emanaba mi cuerpo, sentí la necesidad de no solo tocar su rostro, sino más allá aun, mis manos acariciaban sus mejillas para ese momento rojizas, cálidas que con mi inexplicable frio corporal trataba de calmar. Ella confesó que su calor ya se había convertido en fogosidad y después de aquello yo no quede menos que eso. Mis manos querían bajar y calmar su calor, raramente buscando más calor.

La noche llego rápidamente como queriendo ocultar un pecado. Quería hundir mis penas en un pozo profundo, y hacerlo hasta que me sienta apenado. Llevar el momento a la eternidad, y hacerlo memorable. No dejar espacio al respirar ni el suspirar, solo avanzar en un segundo sin pedir permiso al tiempo. Había más de 30 personas mirando.

Eso poco me empezó a importar. El deseo que había creído exiliado regreso, y el traidor corazón atacó.

Necesitaba besarla.

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