El [M]Ocho

Caballero: Juegas al ajedrez, ¿verdad?

La Muerte: ¿Cómo lo sabes?

Caballero: Lo he visto en los cuadros y lo he oído en las canciones

La Muerte: Sí, a decir verdad soy muy buena jugadora de ajedrez.

Caballero: Pero no eres mejor que yo.

                                                                                Ingmar Bergam 

                                                                                    El Séptimo sello

 

625 páginas en un poco más de 12 horas. ¿Un nuevo record?  La verdad es que a pesar de ser la segunda vez que leo esta magnífica obra, “El Ocho”, no ha hecho que la lea con menos ganas. Muy por el contrario deje de dormir para secarme los sesos con una realidad irreal. Ver la portada del libro no solo despierta mi oscura pasión por el ajedrez sino también mis ansias de demostrarme a mí mismo que el ajedrez no solo es un simple juego.

A pesar de saber los sucesos que seguían a cada capítulo y hasta el final espectacular, con un bonito recuerdo, esto no disminuyó las ansias por continuar el hilo de la historia, que por cierto, mantiene una historia dentro de la historia. Esta obra publicada en el año 1998 y escrita por Katherine Neville, es recomendada para todos aquellos fanáticos lectores de Dan Brown que al igual que El Código Da Vinci  tiene un realismo espectacular, cosa curiosa en verdad, con el gran velo de misterio que envuelve la trama. Mantiene un gran equilibrio entre partes autobiográficas, ya que la protagonista lleva el mismo nombre que la autora con diferencia que es una “c” en vez de “k”, y relatos creados con fiel argumento histórico. Con toques al estilo  flash-back hace que la lectura no se centre en una sola historia, sino en dos paralelas de las cuales te terminas enamorando de una y te apena haberte dado cuenta que en el fondo son las mismas.

1790 y 1972. Años en que se desarrollan las historias, una en plena Revolución Francesa y la otra en Nueva York. Detallada descripción de las zonas hace que la mente se traslade al momento y tiempo narrado aunque uno nunca lo haya visto he imaginado antes, lo cual permite mezclarse con el misticismo de la lectura y claro está, de la obra misma. No han faltado momentos en los cuales me han interrumpido abruptamente y mi corazón pulsaba a mil mientras saltaba de la silla como si hubiera visto al mismo Satanás.

Leer “El Ocho” implica exponerte a sentir hasta cierto grado de adrenalina, suspenso, aventura, ansiedad, locura, inseguridad, pasión y porque no, amor.

Einstein. Euler. Mirelle. La Abadesa. Catalina la Grande. Napoleón. Carlomagno. Los Moros. Talleyrand. La Mujer de La India. Francmasones. Tú. Yo. Nosotros. Todos Estamos detrás del secreto del ocho. Buscamos debelar el misterio del Ajedrez de Montglane. Un Secreto que nunca debió escribirse.

Invito a medio mundo a leer no solo “El Ocho” sino también “El Fuego” que es la continuación de “El Ocho” y que todavía no leo porque Charlie me dijo que lo enviaría. (¿No es cierto?)

¡Al-safar zafar!—-“Viajar es la Victoria”

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