Silencio

La deje en su casa por ahora momentánea. En realidad la “dejamos” en su casa, porque fuimos más de 10 quienes acompañamos y nos peleábamos la atención de la lindísima y casi casi ideal Fátima. No me centrare en ella. Me dirigiré al silencio. Al añorado silencio que fue provocado por el balbuceo de la frase “Peligro”.

                                                                                                        -o-

Se hizo la chancha. Pedimos lo que teníamos que pedir, para sentirnos en confianza, sentirnos como si habláramos de un “secreto sagrado”, sentirnos grandes hombres hablando de cosas grandiosas que poco valor o ninguno puede tener para ustedes. Yo seguía pensando en Fátima.

–          Pasa tu plata- Ese era el “chancha”. Saque mis pocas monedas de valor y la deposite con tristeza en sus manos que ávidas buscaban a la siguiente víctima. Todo lo que uno hace para tener un poco de compañía y lo más importante…hablar de lo “peligroso”.

Trajeron la bebida. La vereda no estaba tan incómoda después de todo.

–          Exijo que me digan que es eso “peligroso”. No entiendo nada. –Entrando en desesperación siendo la tercera vez que pedía a gritos que me dieran una simple explicación.

Me pidieron paciencia, sirvieron los vasos, nos pusimos cómodos y pidiendo silencio el “chancha”; quien es ahora mi nueva influencia en una de las sedes de la orden, me miro queriendo ver lo que pensaba y dicto.

–          Veras. Sabes que en la organización hay que ser cuidadosos. No podemos dejar  hablar a las personas así por así. Uno cuando esta dentro tiene que cuidarse. Y por experiencia propia yo sé cómo es eso.- Agacho la mirada como lamentándose un pecado pasado, pero que salía al presente torturándolo al decir estas palabras.

–          Tienes que entender que la reputación que llevamos debe ser intachable- Prosiguió el; yo sin entender- La gente murmura y malinterpreta las cosas, por eso mismo debemos cuidarnos.

Quería explotar. La mente se me nublaba, solo había un espacio que seguía activo. El espacio Fatimisado.

–          Entiendo eso completamente, debo decir más de lo que imaginas- venían  a mi mente recuerdos algo frustrantes pero en fin alegres- Lo que aun no entiendo porque tanta lata con esto. Yo quiero salir. Ustedes también. Ellas también. ¿Por qué no?

Leí mentalmente lo que acababa de decir y era de esperarse su respuesta. La cual se demoro. Aproveche para tomar un poco de la espumeante bebida.

–          No puedes hacer eso. Simplemente porque estarías poniendo en peligro vuestra reputación, la opinión general hacia a ti se caería…este…pondrías en peligro muchas cosas.

Yo no aceptaba la idea. Y aun no la acepto. No admito que no pueda salir con la redundantemente lindísima Fátima. No tenía más argumentos. Mis ideas estaban ahí, en el aire, pero no valían y vi una razón más para decir que la vida es injusta conmigo o más bien el mundo en general.

Estábamos los cinco. Bebiendo y tratando de sincerarnos los unos con los otros, confesándonos cosas y examinándonos mutuamente. Sabía que todos querían hacer lo mismo que yo. Por un momento justifique lo bueno de beber.

–          Saben, parece que estuviéramos bebiendo cerveza- dijo Alex riendo y a la vez todos con él.

A unos 10 pasos en la puerta de la tiendita donde compramos la Coca-Cola, los verdaderos “hombres” bebían su Cristal al polo. Y no teníamos mucho que envidiar. Nuestra Coca salía más que espumeante a nuestros vacitos descartables, además de que al terminar un vaso lo sacudíamos en el suelo como si ese fuera el final ideal y predestinado para las pocas gotas que quedaban.

–          Pero no llevemos a los demás, solo nosotros y ellas. Miren que tengo derecho a reclamar una salida. No la veo en muchos meses y por lo menos salir reparara tiempo perdido.

Me miraron como si no hubiera entendido la explicación. Fue suficiente. No tenía más remedio que darme por vencido y luchar contra mis propios pensamientos.

Otra ronda con la ya no tan dulce Coca y empecé a sentir las consecuencias de beber en exceso. Tratamos de hablar de todos los temas un poco, mordisqueamos puntos, despejamos dudas, seguimos bebiendo y  hasta nos dimos consejo entre nosotros mismos. La situación se ponía interesante. Era hora de sacar lo que tan guardado no está, pero secreto para muchos se halla.

–          Muchachos nunca se han preguntado si en la Organización ¿hay un secreto?- mire con detenida curiosidad. Por un momento quise pensar que era uno de los pocos que contaba con esa información.

–          ¿Te refieres al libro?- pregunto Ander

Había ido demasiado lejos. Hace menos de una semana tengo esa información y ellos como si nada se referían al secreto. De los cinco solo 3 dominábamos ciertos datos sobre el tema. Pero quien más cerca ha estado, ha sido el “chancha”. Jóse.

–          Cierto día cuando un miembro de la orden me llevo a su casa, vi un libro negro en su librero. Lo cogí por curiosidad y antes de que pudiera pasar la segunda página para ojearlo. Vino su dueño y guardián quien cerró el libro con mucha prisa. Diciéndome que era mucho conocimiento para alguien como yo. Y por el solo ojearlo un poco, me podrían expulsar de la Orden.

Yo estaba más que exitado con el no muy detallado relato. Tenía a mí al frente a un indigno de poseer “El Secreto” pero que al menos había tocado el libro. El libro que algún día yo tendré y cual secreto no me osare a decir a nadie.

Las doce dieron en el reloj. Vimos lo productivo de la conversa y nos citamos para continuarla. Tal vez en la próxima logre convencerlos de que podemos, al menos por mi parte, salir casi casi ilesos de una salida con la chica de las vacaciones calurosas.

Fátima la niña demasiado dulce; a quien no le sale la mirada de mala.

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3 comentarios en “Silencio

  1. Nos muestras en este relato una parte de otro mas amplio. me parece muy bien construido y con un narrador consecuente en formas y sentido. Continuará? Un saludo

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