infeliz

La sombra del sujeto se precipitó sorpresivamente por el marco de la puerta hasta el centro del salón donde la mujer temblaba con el rostro desencajado. Él levantó los brazos apuntando el arma decididamente a la cabeza de la mujer, quien dejó caer el papel de sus manos justo antes de recibir el impacto que le voló la cabeza.

Las lágrimas empezaron a caer por el rostro de ese escritor que se vio a sí mismo matando a su esposa en el reflejo  de las ventanas. La mujer que lo hacía el hombre más feliz ya estaba muerta, a pesar de lo que él fue a besarla y a pedirle perdón entre llantos. Antes de salir por la puerta otra vez, la última vez, para vivir como un prófugo que sabe que cuando uno es feliz la felicidad no tiene quién la escriba.

Es lo que él dejó escrito antes de irse (cuando ya nada era normal).

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