Cuando soñar ya no es divertido

“La verdad es que nunca me armé de valor, solo me convencí que no podía terminar así, asustado en un agujero que quién sabe de donde salió con un ser sin forma ni nombre frente a mí, y cuando iba a ser asesinado (una vez más) caí en la cuenta que tenía el control.”

Desde niño me ha encantado ese juego de manipular los sueños a voluntad. De cierta forma se convirtió en un vicio rápidamente. Las primeras veces (cómo olvidar las primeras veces), eran pesadillas acompañadas de parálisis de sueño y varias de las parasomnias conocidas. Imaginaba historias que eran mitos urbanos mal contados en el colegio, pero que iban siendo perfeccionadas por mi mente y se materializaban en demonios disfrazados de polos arrumados en una silla junto a la puerta entreabierta que el viento se encargaba de golpear.

Empecé a convivir con cuentos muy entrada la noche, despertaba corriendo, otras dando manotazos al aire, y como muchos, empapado de sudor. Incluso me sabía las horas en las que llegaban estos seres espectrales. Y la que más se hacía presente era una dama a las 5 de la mañana en verano y a las 6 de la mañana en invierno, sobre mi cuarto, con sus pasos secos, fuertes y claros , que según la historia, vestida de novia viene buscando a su hijo muerto desde un país europeo con nombre raro. Al menos eso me dijo una niña de aquellos años llenos de ilusión.

Para mi alegría me hice más capaz y pude llegar al grado de interrumpir el sueño, ponerme más cómodo y regresar al sueño que dejé pendiente. No sé qué paso con la dama, pero imagino que los tacos le habrán pasado la factura. Y  ya que no estaba para despertarme con sus peculiares sonidos, alguien siempre se encargó de sacarme de la cama cuando estaba a punto de derrotar a un supervillano, salvar a la tierra, encontrar la cura a una enfermedad que previamente había creado, desarrollar una nueva tecnología, o viajar por el mundo solo para besar a la hija de mi profesora y zas la puerta nuevamente. Aunque me apena que nunca me dejaron 5 minutos más, me alegro de tener cierto repertorio de batallas al lado de personajes de ficción, algún Armagedón, una que otra invasión que por supuesto detuve, diálogos muy elaborados e incluso conflictos morales en un mundo (si es que lo es) de fantasía.

Pero todo palidece ante el sueño más oscuro. Solo dejarte ser un observador pasivo y aún esto, es cruel. Dejar que veas como el miedo se personifica y se burla de todos intentos por contrarrestarlo. Que la oscuridad amiga de antaño, se acerque amenazante al hilo de la vida. Y que tus propios pedidos de auxilio, resuenen de una manera tortuosa y rechinante , en ese lugar inmaterial donde se atreven a invadir sin ceder un espacio, sin piedad, buscando solo crear más dolor y quizás tomar control. Las personas que quiero, mueren en silencio en el mismo lugar donde seguramente, hace unas horas, veían alguna película. Sé que no es verdad, sé que no es real, pero qué puedo hacer, sufro igual.

Recuerdo otra vez ese sueño de niño, cuando ante lo inevitable, me convencí que no podía terminar así. Ese no era el final. Y no iba a ser diferente esta vez.

“La verdad es que nunca me arme de valor, solo me convencí que tenia la voluntad para no terminar así, asustado sobre mi cama regresando de quién sabe donde mirando el techo en la misma posición que me dispuse a soñar, pero con un brazo extendido haciendo un puño, el mismo que iba a usar para romper el espejo. Cuando caí en la cuenta que nunca había tenido el control.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s