De nombres y nombrecillos

Entonces caigo en la cuenta que solo buscaba negar tu nombre.

Alguna parte de mí se negó a olvidarlo mas bien, sé que más de una ves me dije lo difícil que sería. Lo sé porque lo hallaba en las paredes de mis noches oscuras, cuando en el rincón de la autodestrucción encontraba la nota previsora, donde un bien me hice anotando, con años de antelación, tu dirección. O quizás porque los aromas de seducción se llaman como tú y los suelo encontrar en los cuellos de las mortales, en ese pequeño recorrido de piel donde se untan ese líquida fragancia para raptar espíritus y sumergirlos en el océano del deseo. También debe ser por el hecho que tu nombre se halla en los poemas que se crean entre la mirada de la locura y la lujuria, vecinos míos que hacen lo suyo por consolarme y me instan a volverte a ver.

Creí que otra persona podría ser la cumbre.

El destino, con quien de vez en cuando coincido, dijo que mientras haya alguien que responda ante la misma fonética, el se encargaría del resto y por mi parte solo observaría como todo se va formando de manera inamovible. Se creo una constante expectación, cuando aparecían de los lugares menos esperados esas casualidades que no lo son. Ese momento de conocer a alguien con una consonante que jugaba a ser vocal, una vistosa y quizás innecesaria añadidura, a veces algo menos pero sin quitarle lo lleno de vida, y los infaltables y casi inapelables estilos de pronunciación, que resultaban en lo mismo, pero que tenían su importancia y su valor.

Pero se llama como tú.

Esa es la razón, única y final. Que un nombre termina siendo la constante en el tiempo y no porque evoque recuerdos, sino porque es el nombre que voy llevándome sea el lugar que pise. O de otra forma, se podría decir que soy perseguido por sus formas materializadas y demasiado atrayentes, con el resultado que me doy al abandono entre sus brazos. Como marino, que se niega atarse al mástil para eliminar cualquier cosa que le impida sucumbir ante los cantos hipnotizantes de las sirenas, a sabiendas que conocerá las puertas del averno y solo se deja llevar. De esa forma eres…

… A quien me gusta llamar.

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