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Los desatinos están ahí en el tablero, listos para ser cometidos. (GM. Savielly Tartakower)

La idea primariosa acerca de lo entendemos  por “mundo” vendría a ser, todo lo conocido. El mundo contiene a la vida, la vida contiene al ajedrez, y el ajedrez contiene muchas vidas. De manera proporcional, el tablero viene a ser el campo de acción de la vida al igual que todo lo conocido es el campo de acción de nuestra vida.

Apropiada comparación para decirnos que tenemos limitaciones físicas, hay reglas que se siguen, un orden establecido, y como es propio de todo lo conocido en la vida, hay malas, buenas y aun mejores posiciones. Ya que caigas en casillero blanco o negro, hay algo que se busca per se y es explotar lo mejor que se pueda la posición. La teoría dicta ocupar pronto el centro, tomar control del mayor espacio posible, para esta forma evitar limitar las opciones del contrincante y llevarlo a un estado de claustrofobia. Pero en ajedrez nada está escrito y es ley absoluta. Si eres de los que no les convence esta idea del todo, aquellos que destacar o tener el control no es su prioridad, sino una distracción para lo que es la meta en realidad. Lo tuyo debe ser los flancos, una opción no tan usual, pero que no se desmerita.

La vida se va desarrollando de forma que ya seas, de los que buscan un espacio de confort, los que busquen incomodar, los que esperen pacientemente el momento oportuno o aguanten la presión para salir airosos tras un arduo sitio, hay algo que nunca se debe olvidar y es que una vez escogida la casilla no hay nada que hacer hasta un turno después.

 A veces pienso en lo que denomino “la teoría del cuadrado”, esta se basa en el hecho de lo que conocemos es parte de algo conocido, pero mientras no conozcamos el total sigue siendo desconocido para nosotros. Todos tenemos un cuadrado de vida, un casillero asignado o que hemos conseguido. Si ponemos todo lo que conocemos, el hogar, el lugar de trabajo, ese viaje que aprovechamos en vacaciones, las rutas del día a día, todo dentro de un plano. Todo este espacio físico, material, palpable, constituye el cuadrado. El punto no es lo grande que puede ser, sino lo limitado que es, y seas quien seas, veas lo que veas, vayas a donde vayas, seguirás dentro de un casillero cuadrado que te ha sido asignado o has conseguido.

Pero hay un problema peor aún, y es que nunca veremos el borde.

Me disculpo, aún peor sería ver el borde de tu cuadrado, de tu casilla en este enorme tablero de juego de los dioses y no saber que hacer.

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