El adversario

“Como el último enemigo, la muerte ha de ser reducida a nada” (1 Cor. 15:26; Traducción del Nuevo Mundo)

El contraste resalta lo bello. Si algo a simple vista parece ordinario, hay que seguir observando, y encontrar lo bello que resulta. Lo bueno (entiéndase por beneficioso, gratificante, satisfaciente) se alcanza por comparación. Y el contraste, vuelvo a decir, resalta lo bello.

Ya que vengo poniéndonos en tableros, entre piezas y posiciones, toca ver quién está del bando de las negras. Aquí hago una pausa para el despistado, explicando que todos somos del bando de las blancas, pues damos el primer movimiento con nuestra primera  decisión y asumiendo que nuestros actos tienen consecuencias. Seguro que alguien argumentará alguna variante de: “la vida comienza mucho antes de que siquiera podamos decidir” Entonces diré, el ajedrez se juega de a dos. Y hasta que entremos al ruedo, somos parte del juego de otros.

Aclarado, vamos a lo que nos preocupa que es contra quién jugamos. La respuesta es tan obvia que se nos escapa. Las preocupaciones de las personas suelen ser la inmediatez, y sus problemas se convierten en enemigo inmediato y casi único. Y esto es tan triste como ver que a cierto jugador le amenacen un peón y esté tan absorto en defenderlo que su rey termina en posición de mate. Estoy de acuerdo con quién diga que de nada vale preocuparse por cosas que aún no suceden, al menos no de forma obsesiva. Pero estar al tanto del ataque en flanco de rey no hace que ignores por completo el flanco de dama. En otras palabras, la vista panorámica no estaría mal.

Una vista panorámica que nos remontaría miles años de historia encontrando un solo un objetivo. Rebasar a la muerte. He aquí nuestro enemigo en común. Intangible, invisible e imbatible. De tal magnitud es nuestro enemigo que hace, de la vida, por contraste y comparación, bella y buena. Porque como en una partida de ajedrez, un buen (entiéndase por eficaz, hábil, talentoso) contrincante crea una partida que merece ser contada en cafés y salones.

Pero, ¿Poco importa si algo es bello cuando hagas lo que hagas estás perdido?

No tengo la respuesta a eso, yo aún sigo en zugzwang mientras la muerte apremia.

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