Ella

Sonriendo lo dijo todo. Hermosamente recostada, su cuerpo brillaba en la oscuridad. Su cintura  prueba  la complejidad de ideas que provoca una curva. Una débil franja de cabello cubría parte de su rostro la cual invitaba a ser descubierta. Una mejilla se mostraba tentadora, una curiosa oreja aparecía y sin aviso la mordí lentamente; el aroma de la belleza durmiente me llenó. Como para enloquecer un haz de luz mostro sus labios; susurre una petición. Me acerque nuevamente y sonriendo lo dijo todo.

Año Nuevo

Son las seis y media de la mañana y no he cerrado los ojos para nada desde ayer. Me encuentro en el balcón, fumando el primer cigarrillo del año, que, muy probablemente, también será el último.

A mi lado duermen la mona dos chicas que no conozco y que, por parecer adecuado, no me esforzaré en conocer. Duermen abrazadas a pesar de que, según recuerdo, ellas tampoco se conocen. Alrededor de ellas, sobre toda la sala, los cuerpos que hace unas horas se movían al ritmo de la música reposan sobre el suelo, cubiertos con mantas que, seguramente, el anfitrión ha puesto a disposición de ellos, los invitados, quienes no dan la mínima señal de vida.

Miro entonces por la ventana y alcanzo a ver la víctima de la noche: El árbol de Navidad, con parte de la decoración que quedó. Durante la fiesta lo cargamos, lo llevamos a la calle y lo quemamos, entre todos. Ahora está tirado sobre la acera como un cadáver cualquiera, como  un pedazo común de chatarra, nada comparado con lo que fue antes, comparable sí a los cuerpos que yacen en el suelo de aquí.

Genial. El cigarrillo ya se acaba. No importa. No importa porque en el bolso que olvidó la madre del anfitrión sobre la mesa hay de sobra y si fumo uno no será la primera promesa que rompa. Amanece en la ciudad. Amanece un nuevo año. Sonríe, Zeta, tal vez este año puedas ser feliz.

Y pienso en Sandra, mi promesa más grande, mi promesa por cumplir.

Tipo

Era un buen tipo, saco verde jaspeado. Caminante errante e inconsciente. Jugador de mala gana y actor de mala paga. Pecador de oficio y salvador de vocación. Escritor de angustias, cantor de tragedias y poeta de las mismas. Las fuentes avisan que nació al pie de la muerte misma; ella lo dotó de una lengua melosa junto con el don de causar dolor. Mientras que la gracia divina se hizo presente regalándole una conciencia, lo suficientemente viva como para protegerlo de sí mismo.

Era un buen tipo. Él no sabía quién era o qué era. La simpleza lo rodeaba y la inocencia mezclada con ingenuidad lo cubría. Manto que el mundo se encargó de romper. Es increíble que algo tan débil pueda proteger algo tan poderoso. El tiempo oxidó sus sentimientos, las mujeres se encargaron de mostrarle un mundo mejor, las ideas lo atormentaban y el deseo, casi siempre cruel, se encargó de mantenerlo en la locura. La necesidad de experimentar cada sensación se hizo más fuerte; el cuerpo no respondía a sus órdenes, vibraba en consecuencia a sus acciones que su rostro, algo que no había dejado la niñez, mostraba con sonrisa malévola y satisfactoria. Sus objetivos empezaron a rebasar dimensiones de tiempo-espacio, sus afrentas asomaban los cielos y no cabían en el infierno, cuestionó a su formador, y deseo la destrucción. El seol mismo lo rechazaba; no había mayor satisfacción y tortura que ser él. Un buen tipo.

Esta vida

Hace tiempo que mi vida no es mía.

Hace tiempo que mi vida no es mía, sino la procesión de decisiones ajenas que la moldean, aprietan, restringen y limitan como tal. Y, por lo tanto, no es mía.

Lo único que me queda como mío es la poesía.

Que a veces es calco literal y sin rima de mi día a día, de aquellos atardeceres pasados sin compañía.

Y el pasado, la nostalgia, los recuerdos, la melancolía.

La melancolía de saber que hace tiempo mi vida ya no es mía.

Poesía

Poesía.

Difícil ella.

Ligeros versos. Ambiguamente hechos; atrayendo los más dulces sueños a la vez que forman tormentosas pesadillas.

Poesía.

Incontables formas de leerte y pocas de poseerte.

Estrofas tan melodiosas como estridentes. Turnándose el gusto de atraparte, llevando tu mente a un nirvana atemporal.

Poesía.

Ilógica pura con razón total.

Metafórica vida que llevas. ¿Quién soy para cuestionar tu existencia? Sigue oculta e incomprensible, engañando con vanas interpretaciones a unos y con falsas verdades a otros.

Poesía.

Deliciosamente adictiva.

Estética en todo tiempo. Desde la forma condenada a ser escrita, de nacer en hojas perfumadas hasta agonizar en medio de papeles arrugados, aún para siempre sigues siendo bella.

Poesía.

 

Tú eres poesía.

Carta desesperada

Tengo dudas.

Dudo que todo sea real. Que tú estando ahí tan bella como siempre no te desvanecerás dejándome con el último aliento, justo cuando las fuerzas se acaben en ordenar a estos cansados pulmones dar un suspiro más, que de pronto todo se oscurezca y sintiendo una mano sobre el hombro junto con una voz que parafrasea: “Esto nunca pasó”.

Dudo que todo esto no sea parte de una matrix, manipulada por el cruel destino que se jacta de mis desgracias y me lo recuerda constantemente. Dudo que mi corazón lata y que no simplemente es un tamborcito melodioso que un mini-yo está tocando. Que tal como “yo” se cansaría y dejaría de tocar para ti. Dudo que pueda sentir algo aparte de ciertos ataques respiratorios y placer al sufrir ajeno.

Dudo que todo cambie tanto como dudo que vos cambies.  Dudo que haya respuesta completa al menos a una de mis dudas. Dudo que me respondas.

Dudo que escribirte sea una buena idea ya que como las anteriores temo que caiga en el fracaso. Dudo que pueda llorar de verdad, no sabía que botar esas gotitas por los ojos se había vuelto tan complicado.

Dudo que te interese esto y dudo que dude.

Dudo que tenga valor y todas esas demás cualidades que me atribuyen. Solo veo a un chico raro que se desfoga con lapicero gastado y hojas reusadas. Dudo que después de morir “descanse en paz”. Al igual que dudo que algún supuesto infierno pueda hacerme pagar mis pecados.

Dudo de lo poco que siento y pienso. Y pues, oye, tú me has hecho dudar.

Creaste la más grande, espantosa e imponente duda, esa de la que a todos les va tocar sufrir, esa que sigue a un grande, espantoso e imponente, no.

CV

se me ocurre la vida de un hombre

se me ocurre a ese mismo  hombre siendo su peor enemigo

se me ocurre a ese hombre fracasando

fracasando mientras, como todo, se muere

sombra contra sombra y

de la carrera, su premio: otra carrera

¿no, Blanca?

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 336 seguidores